A propósito de la semana santa y el soborno del cielo

La barca de Calderón

Por William Calderón Z.

28 de marzo de 2016

El blasfemo de la narcótica mandrágora

Pierden el tiempo los grupos de oración de Tuluá que piden a Nuestro Señor Jesucristo por el alma de Gardeazábal (pues el cuerpo ya lo tiene podrido). Es misión imposible que este Voltaire de vereda, hijo de doña Maruja, quien se distinguió por ser una matrona de perladas virtudes, fervorosa y practicante de la fe católica, se convierta y vuelva al redil y no ataque el dogma de la Resurrección como lo ha hecho en su reciente libro «El Resucitado», ante el silencio cómplice de nuestra jerarquía eclesiástica.

Iría a la hoguera

Si viviéramos en una comunidad musulmana o en el hinduismo o en el Teoismo, el susodicho personaje ya estaría en el horno a fuego lento y lo habrían chamuscado como a un marrano en noche buena, con música parrandera, voladores y quema de libros. ¿Por qué? porque renegar de una religión, la más permisiva, la más tolerante (con el perdón de “El Soborno del Cielo”) la misma que permitió que se diera el maravilloso mestizaje que hay en Latinoamérica y uno de cuyos representantes más conspicuos es el señor Gardeazábal, que reúne todas las mezclas que salieron del blanco europeo, el indio americano y el negro africano, pero que al parecer, en su caso, se metió un animal con cachos y con cola.

San Pablo de Tarso

Cómo es posible que semejante engendro del demonio, un sujeto alimentado con sancocho, agua de panela, mazamorra, chicharrón peludo, arepa de pela’o y frisoles con pezuña se quiera equiparar a personajes de la talla de Voltaire, Papini, Santo Tomás y el propio San Pablo de Tarso, pero no de Tarso, Antioquia, sino del Tarso de Turquía. Es una osadía inadmisible pretender emular las convicciones y el alto vuelo intelectual de Voltaire o de los grandes enciclopedistas y compararse con lumbreras del pensamiento universal, sin salir de la parroquia tulueña.

El pequeño Eróstrato

También el pirómano Eróstrato en Grecia se quiso hacer famoso por meterle candela al templo de Diana, en Efeso, pero lo único que se consiguió fue prohibir la mención de su nombre, so pena de muerte. Así va a pasar con este pequeño Eróstrato de Río Frío que pretende llegar a las cumbres de la literatura universal escribiendo libelos en contra de la grandeza y la omnipotencia de un Dios en el que dice no creer, pero que es simplemente un pobre ateo al que me gustaría verlo en un avión en medio de una tempestad y observar por el rabillo del ojo a ver cuántas bendiciones se raya por minuto.

Al marrano con lo que crían

Un individuo que fue un problema como estudiante de la Universidad Pontificia Bolivariana, de donde lo arrojaron como escupitajo de sastre, ahora pretende vomitar todo su resentimiento en contra de la omnipotencia de la grandeza de un Dios que hoy reconocen las multitudes creyentes que seguramente desprecian esos retozos audaces de escritores que se quieren hacer celebres ofendiendo los valores y los símbolos más preciados de una comunidad que los detesta.

La tumba de monseñor Builes

Si fue tan valiente que llegó a escupir y profanar la tumba de Monseñor Miguel Angel Builes, en Santa Rosa de Osos, ¿por qué no lo hizo cuando estaba vivo? se preguntaba Don Hipólito Hincapié Roldán ante la mirada de una distinguida matrona antioqueña de apellidos Álvarez Restrepo (directora de la biblioteca) quien salió despavorida del lugar del episodio. Seguramente le habría quedado el ojo muy morado y la «mula» torcida, porque monseñor Builes tenía los pantalones muy bien amarrados.

Además, ¡Voltaires de pata limpia no entierran todos los días!

La película de Lisandro Duque

Preferimos más bien vernos la película de Lisandro Duque Naranjo, el de Sevilla, Valle, quien por esta época nos recrea el alma con «El soborno del cielo», en la que a la manera de Juan XXlll aterriza a la Iglesia. Y según el crítico de cine Mauricio Reina, la cinta constituye una feroz crítica a la retardataria y excluyente Iglesia.

IN MEMORIAN DEL DOCTOR EMILIO GIRALDO GOMEZ

Y la semana santa en Viterbo, Caldas

Para los Antioqueños está el Festival de Música Religiosa en Marinilla como un homenaje a la memoria del doctor Emilio Giraldo Gómez, en sus 33 años de programación gracias al doctor Fernando Ossa Arbeláez y para los amigos del Viejo Caldas la Semana Santa en Viterbo en vivo con Carlos Alberto Orrego Ocampo como actor principal.

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