¿A cuánto la empanada?

Gran revuelo ha generado en el país la extraordinaria multa que recibieron unos ciudadanos por comprar empanadas en el espacio público; titulares de prensa, artículos de opinión, horas de radio y televisión, así como innumerables memes, comentarios y ocurrencias en redes sociales. (Oiga mire que: Multan a joven por comer una empanada en la calle)

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Unos culpan de lo ocurrido a los compradores y a la vendedora, otros al Código de Policía y por lo tanto al Congreso y otros a La Policía, en realidad no se trata de buscar culpables sino fuentes del problema y soluciones.

El Código de Policía era una necesidad sentida del país, el código anterior, viejo y desactualizado, no correspondía a las necesidades de la seguridad y del orden público ciudadano, las conductas humanas y la realidad actual, no se compadecían con un código de policía hecho para una Colombia rural con escasos problemas en los centros urbanos. Lograr su aprobación en el Congreso fue un gran paso para alcanzar una mejor convivencia.

La ley que aprobó el código, implementó nuevas y necesarias medidas que son verdaderos logros: ruido de los vecinos, manejo de animales peligrosos, protección del espacio público, incautación de mercurio y sustancias peligrosas en la minería, ingreso a viviendas por necesidades extraordinarias de protección de la vida o atención en comisión de delitos, etc.

Otros temas quedaron pendientes o son susceptibles de mejorar: seguros para tenencia de animales potencialmente peligrosos, mejores procedimientos para ingresos a la fuerza a propiedad privada entre otros y por supuesto, la multa de ochocientos mil pesos por la compra de la empanada.

Pues bien, fui ponente del Código, desde el principio supimos y entendimos que venía un periodo de implementación, acomodación e interpretación del mismo. Es absolutamente normal, que en la implementación de leyes como esta, se descubran sobre el camino problemas y temas que es necesario ajustar. Algunos problemas serán corregidos por los jueces y otros, seguramente tendrán que ser revisados por el Congreso en nuevas leyes.

Me defino como un servidor público legalista y respetuoso de las instituciones, especialmente de La Policía, Institución por la que profeso profundo respeto y cariño, sin embargo, creo que el policía que atendió el caso se equivocó, dado que él tenía la potestad y la capacidad para interpretar el código al implementarlo en un caso concreto. La naturaleza del artículo es la de proteger el espacio público y por ello establece que será multado quien lo invada, por ejemplo, con ventas ambulantes, o quien ¨promueva¨ su uso indebido. La línea entre promover el uso indebido y comprar una empanada es bastante delgada.

Aun si se interpretara como ¨promover¨, la compra de la empanada en la calle, el policía debió aplicar los principios de razonabilidad, proporcionalidad y necesidad, principios sobre los cuales tuvo que ser capacitado por la Institución y que están consagrados en el artículo 8.

Según el mismo Código, la multa por comprar la empanada, no solo no es razonable, sino que además está absolutamente fuera de toda proporción.

Estos principios se deben aplicar en todo el Código, por ejemplo, se contempla también la posibilidad de imponer cuantiosas multas para quien orine en la calle. Es razonable imponer la multa a quien lo haga en el espacio público, pero ¿sería razonable imponer la multa a quien orine en la calle en donde no hay baños públicos, ni locales comerciales, ni ningún otro espacio que supla una necesidad humana como esa? Es ahí en donde nuestros policías deben tener buen criterio y capacitación.

Las normas son generales, impersonales y abstractas, no contemplan cada caso en particular, por eso es importante saberla interpretar para evitar situaciones como la ocurrida en días pasados.

Por: Santiago Valencia G.
(19 de febrero de 2019)

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