Dos señoras acabaron el país: Fernando Londoño

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Una consejera y una conjuez decidieron, en sentencia que no tiene recurso, que el resultado de todos los ataques terroristas corren por cuenta del Estado.

Entre dos señoras, una Consejera de Estado fletada por Santos, y otra que no es consejera sino Conjuez, con nombre de Amado Nervo como un buen amigo lo anotara, Sol Marina de la Rosa Flórez, cambiaron el país. Para mal, por supuesto, sin que lo notaran sus compañeros de Consejo y sin que hasta ahora casi nadie se haya dado por aludido.

Las dos señoras decidieron, en sentencia que no tiene recurso, que el resultado de todos los ataques terroristas corren por cuenta del Estado. De todos nosotros, queridos contribuyentes, porque se deben a la incuria de los encargados de la seguridad de la Nación, como lo prueba el hecho contundente de que no impidieron el de marras.

Cambian las señoras la jurisprudencia universal. A nadie se le había ocurrido que los incendios de las Torres Gemelas del 11 de septiembre los pagara el Gobierno de los Estados Unidos. Y que los crímenes atroces de París, Niza, Barcelona, Londres, Madrid, van por cuenta de los tesoros públicos. ¡Hasta que llegaron estas señoras!

A eso equivale la sentencia, feroz ataque contra el Ejército, la Policía, el DAS, la Fiscalía, que no impidieron la bomba en el Club El Nogal. Cómo no lo advirtieron si Colombia padecía el terrorismo, si estallaban bombas, si las FARC existían, si en El Nogal se reunía gente importante. Cómo, si un tal Quiñonez decía saber que por esa época, sin mes ni semana, ni día, claro está, habría un atentado. Sin lugar desde luego. ¿O será un lugar el Norte de Bogotá?

Pero no solo en eso cambian la técnica antiterrorista en el mundo. También la cambian cuando advierten que si en época de terror, como la que vivimos hoy en Colombia, la gente importante del país, empresarios, científicos notables, periodistas destacados y sobre todo funcionarios públicos asisten a lugares frecuentados, los convierten en campos de guerra. No cuando están en ellos, sino cuando pasan por ellos alguna vez. Si el presidente, o un ministro, o un magistrado, o un congresista, pasa por hotel o restaurante, club o universidad, centro comercial o academia, fábrica o almacén, lo convierten en objetivo militar ¡Vaya!

No dicen estas magistradas lo que hubieran debido hacer los soldados y policías que se hubieran acantonado en El Nogal para protegerlo. Acaso insinúan que dada la contaminación que padecía el Club su obligación era requisar cualquier vehículo o persona que llegara a esas instalaciones. De modo que a desvestir a los caballeros, meter la mano en la cartera y los brasieres de las señoras, revisar con cuidado a cada trabajador, a cada invitado a cada socio.

A las dos señoras, la magistrada y la que lo fue solo por un ratico, mientras firmaba este esperpento, se les ocurre que la seguridad del Estado no acudió a proteger a las víctimas, por pura pereza. Era que andaban de vacaciones o como suele decirse, de locha.

De locha o vacaciones rescatando más de trescientos municipios del país que estaban, literalmente hablando, en manos de las Farc. De locha llevando la policía a más de 180 cabeceras municipales donde no había ni uno solo por aquellas fechas. De locha rescatando todas las carreteras de Colombia, por donde nadie se atrevía para evitar las “pescas milagrosas”. De locha destruyendo los cultivos ilícitos que prosperaban casi tanto como ahora. De locha impidiendo que en las ciudades siguieran estallando las bombas, progresando las extorsiones, multiplicándose los secuestros. ¡Pero no estaban esa noche en el Club El Nogal, convertido en un campo de guerra por obra de dos ministros que lo hicieron centro institucional de gobierno.

Pues mienten, señoras magistradas.

La reunión que celebré con parlamentarios para estudiar el proyecto de Referendo, fue a puerta cerrada, en un reservado, lejos de las miradas de cualquiera y sin que fuera espectáculo o evento oficial del Club. Y la Señora Vicepresidenta, durmió dos o tres o cuatro noches en el Club, sin contárselo a nadie. Y mienten cuando insinúan que al Club llegaba el Mono Mancuso o cualquier paramilitar. Si me prueban una reunión así, con cualquier bandido, me entrego a la JEP. Espero que ustedes, si no tienen prueba de nada, como no la tienen, hagan el favor de una renuncia y de ponerse a órdenes de juez competente, por falsedad y prevaricato. ¿Les parece? Y espero que en la lista de los sospechosos no tengan a Luis Camilo Osorio, entonces Fiscal General de la Nación.

Y sobre bases tan débiles nos condenan a todos a pagar los actos terroristas de los bandidos que quieren proteger. Digan la verdad. De lo que se trata es de convencer al mundo de que el atentado contra El Nogal no fue un acto terrorista, sino una acción de guerra contra un objetivo militar. ¿No es así?

27 de agosto de 2018.

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