Corte Constitucional facilita que las FARC sean quienes escriban la nueva Constitución de Colombia

El martes pasado la Corte Constitucional mató la esperanza en que la guardiana de la Constitución impidiera materializar el golpe de Estado. Nada qué hacer, estamos en una dictadura con excusa de paz.

Columna de Álvaro Hernán Prada publicada en El Diario del Huila el 19 de diciembre de 2016.

Se lavó las manos, permitió el ‘Fast Track’, que no es otra cosa distinta a permitir la entrada en vigencia del Acto Legislativo que aprobó el Congreso para anular sus competencias y pasarle un cheque en blanco a Santos. Una ley habilitante al estilo Chávez. Aunque el pueblo lo había enterrado con el plebiscito.

En un comunicado confuso, la corte dejó en el Congreso la posibilidad de examinar si en realidad se cumplen los requisitos de refrendación popular realizada por sus mayorías en la misma corporación, al acuerdo Santos-Timochenko.

No se conoce la sentencia, pero entregaron un comunicado con los elementos necesarios para facilitarle a santos otra trampa: desconocer el mandato del pueblo el pasado 2 de octubre. La corte sucumbió ante el poder del dictador. Se contradice inexplicablemente, si comparamos la decisión con sus fallos recientes. Y sustituyó su propia teoría de la sustitución de la Constitución, desarrollada para evitar que se cambien normas constitucionales que afectan su esencia. Permite cambiar toda la Constitución, acaba con el principio democrático y facilita que sean las FARC las que escriban la nueva Carta Magna.

Garantizaron la llegada de los voceros guerrilleros al parlamento como Imelda Daza, fiel amiga del narcoterrorista Simón Trinidad y enemiga del Estado. Llamaron «Voces de Paz» a su movimiento, como si fuera la primera vez que llegan al legislativo. Es un secreto a voces que han tenido más de un brazo político allanando el terreno para dar la estocada final a la democracia. Lamentable que el Congreso, pero sobretodo la Corte se preste para secundar el ego mitomaniaco de Santos, desconociendo a sus electores. Terminarán de instaurar un régimen producto de la conspiración que advertí y argumenté en mi libro «La Dictadura de la Paz». Un régimen violento.

Surgen varias preguntas

¿Para qué ganamos si nos hacen conejo?

¿Para qué una súper Corte con la función de proteger la Constitución, cuando en realidad está al servicio del gobernante, incluso cuando lo que quiere es acabar la constitución?

¿Qué podemos hacer, podríamos adelantar un referendo derogatorio?

Todo lo que hagamos deberá ir acompañado de acción política en las calles y mantenernos en resistencia civil.

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