La historia se repite en la policía

La barca de Calderón

Por William Calderón Z.

20 de febrero de 2016

Se nos vino la gendarmería

Campea el ruido a lo largo y ancho del país con los escándalos protagonizados en los últimos meses por la policía del Régimen.

Las pruebas se han dado al canto incluso desde cuando se daba el seguimiento de los  periodistas que en la Luciérnaga le decían la verdad a Colombia, con su exdirector Hernán Peláez Restrepo a la cabeza.

La policía (vulnerando el sagrado deber del sigilo periodístico) dejaba esa institución sin rumbo, víctima de intereses oscuros, que favorecen a quienes ahora pretenden suplantarla por la llamada Gendarmería.

Ruedan cabezas

Con el visto bueno de la mesa de negociación instalada en La Habana, el gobierno Bolivariano de Colombia trama y logra la salida, por la otra puerta, de los generales Ramírez y Martínez.

Antes se atrevieron con Teodoro Campo Gómez y los Castro, para abrirle el paso a los “mejores policías del mundo”, Rozo José Serrano y Oscar Naranjo.

La policía, esa organización que logró superar la dolorosas épocas de la “policía política”, vuelve el reloj de la historia y como 80 años atrás…

La historia vuelve a repetirse

Se trata de la misma policía de las épocas del doctor Eduardo Santos, el  tío-abuelo del presidente bolivariano Juanpa.

Recordamos los acontecimientos del pasado en Pensilvania, Caldas, cuando los máximos jefes conservadores de Colombia representados por los caldenses Fernando Londoño y Londoño, el Mariscal Alzate Avendaño y Silvio Villegas fueron víctimas de una terrible emboscada por parte de la policía del régimen.

Liquidan el DAS

Luego, el camarada-presidente, como ministro de defensa, empezó la liquidación del DAS. Ahora que desaparezca la policía, la misma que se corrompió en la Calle del Cartucho cuando 16 de ellos hacían de las suyas; los 5 uniformados de Sucre que fueron inferiores a sus responsabilidades; la policía que con algunos de sus integrantes se convirtieron en los cancerberos de los capos del cartel de los hermanos Rodríguez Orejuela, tan distinta a los héroes que mueren defendiendo la Patria; la de los mártires, la que se nos fue con el Coronel Valdemar  Franklin, en Medellín, y los miles de policías que asesinó Pablo Escobar a millón de pesos cada uno, y los policías secuestrados y asesinados  por los narcoterroristas de las FARC que hoy se preparan para ser los gendarmes del régimen.

¡Qué Dios nos tenga de su mano!

20 de febrero de 2016.

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