Las FARC seguirán siendo las FARC: Rafael Guarín

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Con armas o sin armas, en la clandestinidad o como partido legal, con dinero del narcotráfico o proveniente de los impuestos de los colombianos, hay que tenerlo absolutamente claro, las Farc son y seguirán siendo las Farc, con todo lo que eso implica.

Columna de Rafael Guarín enviada por el autor a Oiga Noticias.

No hay que equivocarse. Son y serán, porque su proyecto revolucionario se mantiene intacto. Continúan sectarios en el convencimiento de que su misión es la construcción de un nuevo orden inspirado en el marxismo leninismo y que está encriptado en “el pensamiento crítico y libertario”, al que ahora aluden astutamente. Continúan devotos de la dictadura comunista en Cuba, defendiendo la revolución bolivariana y venerando con devoción al chavismo que destruyó Venezuela, eliminó la democracia e impone la dictadura por ellos siempre anhelada. ¡Explicable! Fueron cómplices en la ilegalidad, ahora serán aliados en la “legalidad”.

Las Farc son y serán las mismas, porque a pesar de la transformación del aparato violento que garantizaba el control de sus tropas a plomo, el Acuerdo de La Habana les concedió todos los instrumentos que les permiten mantener el grueso de guerrilleros y milicianos cohesionados y sometidos a la vieja cúpula. Una combinación perversamente pensada de clientelismo y dependencia.

Ecocomún, los cientos de hombres a sueldo y rearmados en la Unidad Nacional de Protección, los subsidios, la formalización de tierras en zonas de colonización guerrillera y narcotraficante, la proyectada repartija de casi 3 billones de pesos a los cocaleros, la entrega de un cuarto de billón de pesos del presupuesto nacional al funcionamiento y montaje de ese partido durante la próxima década, más los aportes de “cooperación internacional” y otras muchas cosas, demuestran que todo está cuidadosamente diseñado y sincronizado para que las Farc sigan siendo las Farc. Lo que menos hay es improvisación. ¿Cuál desmantelamiento de la organización victimaria? ¡Carreta!

¡Y lo son y lo serán! En su mente no cabe la desmovilización, lo dijo Alfonso Cano y hace unos meses lo repitió Timochenko. Las Farc no están dispuestas a negar su historia, eso sí, la que ellos pretenden reescribirnos (Lea: A reescribir la historia). Mantener su nombre, orgullosos de su lucha revolucionaria”, es una forma de reivindicar la “justeza” de sus acciones y la “limpieza” de su proceder, también una manera de realzar los mitos creados con el propósito de defender su existencia durante más de medio siglo y la legitimidad de sus banderas. ¡No hay ápice de sincero arrepentimiento de nada!

Las Farc son y seguirán siendo las Farc, precisamente porque para sus miembros las atrocidades siguen justificadas y las siguen justificando. Por eso, alias Pastor Alape se atreve a decir que las Farc no cometieron masacres y alias Iván Márquez insiste en negar que fueran narcotraficantes.

Persistir en las cuatros letras Farc es propugnar y exaltar su larga y cruel trayectoria asesina a costa de los derechos de las víctimas. La sociedad colombiana no tiene porque soportar que una organización victimaria pretenda, así sea sin armas ilegales, asumirse y prolongarse como forma de enaltecimiento de los victimarios. Eso promueve la repetición.

Más allá de que los camaradas consideren esencial insistir en la sigla criminal, para los colombianos las FARC seguirán siendo siempre las FARC, una estructura armada creada por el partido comunista y destinada a hacer la revolución a punta de crímenes de lesa humanidad y de guerra. Ratificar su sigla es ratificar su existencia, lo que servirá para que siempre que ésta aparezca todos recordemos lo que hicieron. Las FARC son sinónimo de miles de secuestros, masacres, asesinatos, desplazamientos, desapariciones, reclutamiento de niños, narcotráfico, violación de mujeres y maldad, así pretendan posar de buenos demócratas.

Señores, la sangre de las víctimas no se lava con votos, ni con discursos de misericordia, tampoco religiosos. Solo la justicia y el arrepentimiento genuino tienen el poder de dignificar a las víctimas y a los propios victimarios.

La reconciliación que anhelamos todos no puede aceptar de ninguna forma la narrativa que falsea los hechos históricos, socializa la responsabilidad de la violencia, busca absolver conciencias y avalar el contubernio entre rancias élites gobernantes y la élite criminal dejada por Tirofijo y Jacobo Arenas.

Celebro que los terroristas convertidos en organizadores de conciertos llenen la Plaza de Bolívar con exguerrilleros, asesinos consumados y delincuentes impunes de todos los pelambres, también de muchos despistados, especialmente de esos que, para utilizar una expresión reciente del presidente Putin, “confunden Austria con Australia”. Muchos despistaditos que por ir a escuchar a Toto La Momposina no se dieron cuenta que lo que hacen es dar el primer paso para convertir a Colombia en Venezuela.

El cinismo del bárbaro se une con el odio del resentido y la candidez del ignorante. Las Farc lo saben explotar. ¡Que sigan llenando la plaza! Eso ayuda a que la sociedad no olvide que son una amenaza latente, así se pongan de rodillas ante el papa Francisco y su santidad los bendiga.

7 de septiembre de 2017.

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