A Santos no le importa cuántos policías, soldados o civiles mutile y asesine la guerrilla

El ELN pone una bomba en el barrio la Macarena, en Bogotá, hiere dos civiles y dos docenas de policías y asesina a otro, y Santos en su cuenta de twitter lamenta el “incidente”. La expresión es literal.

Columna de Rafael Nieto Loaiza publicada en el diario El Colombiano el 26 de febrero de 2017.

El ataque terrorista enseña varias cosas. Una, que el presidente está preso de su afán de conseguir acuerdos con las guerrillas a cualquier costo. Por lo mismo, no importa cuántos policías, soldados o civiles mutile y asesine la guerrilla, él seguirá amarrado a la mesa.

Dos, que el lenguaje eufemístico intenta encubrir la naturaleza del atentado de los elenos y trata de disminuir su impacto. Un ataque terrorista es un “incidente” por el mismo motivo por el cual los secuestros son llamados “retenciones ilegales”.

Tres, y es muchísimo más grave, que si bien el autor del atentado es el ELN, y yo no seré quien deje de acusar a los bandidos que pusieron la bomba, no es menos cierto que Santos mismo es corresponsable de esos heridos y de ese muerto. Explico: en el acuerdo remendado con las FARC se pactó que los ataques contra la Fuerza Pública son “acciones de combate” y que los resultados de los mismos son consecuencia de esas acciones. Y que los delitos vinculados a esas acciones son delitos políticos.

En el acuerdo también se pactó que los guerrilleros responsables de delitos políticos serán amnistiados e indultados. Los únicos delitos por los que se juzgará a los guerrilleros de las FARC, según dice el acuerdo, son los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra. Puedo apostar que mutilar y asesinar policías en un atentado terrorista no lo considerará la Justicia Especial de Paz, ese engendro creado junto con las FARC, ni como crímenes de lesa humanidad ni como crímenes de guerra.

Como el ELN sabe que, como mínimo, obtendrá lo mismo que las FARC, sabe también que no tendrá ningún costo atentar contra la Fuerza Pública. Tiene plena conciencia de que sus acciones no tendrán ninguna consecuencia adversa.

El pacto con las FARC es tanto uno de impunidad para ellas, como también una garantía de impunidad futura para las otras guerrillas. En otras palabras, lo pactado con las FARC es un incentivo para la violencia elena.

Para rematar, el ELN sabe ya que el presidente es implacable y perseguidor con sus opositores políticos y con quienes lo criticamos, pero blando y suavecito con quienes están armados y tienen por tradición asesinar. Conoce que Santos no se levanta de la mesa y que está probado que cede frente a la presión.

El ELN tiene, por tanto, un motivo más para aumentar la violencia criminal como un mecanismo para debilitar la voluntad presidencial.

Por otro lado, la Fuerza Pública no tiene ningún incentivo para ejercer la fuerza legítima del Estado y la moral de combate anda por el piso. Además, no hay presupuesto y se han restringido los bombardeos hasta el punto que no pueden hacerse estas operaciones sin aprobación presidencial, aprobación que no se da porque a Santos no le interesa atacar a sus camaradas de diálogo. Y como, para rematar, el grueso del mando eleno está entre Ecuador y Venezuela, los riesgos que tiene son casi ninguno.

En la medida en que Santos es el responsable de una cosa y de la otra, es también corresponsable de los heridos y muertos de este atentado y de los varios soldados asesinados por la guerrilla en los dos últimos meses. Y de los que vienen.

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